O algo así. Término que viene a definir algo que yo traduciría como “a gustito moments”. Eso es algo muy danés. Y también lo sabía desde hace bastante tiempo, antes de saber que iba a venir por estas tierras…
Aquí en absolutamente todos los bares, fiestas, casas o lo que sea se verán velas. Eso y una agradable compañía, ya sean amigos, ligue o lo que sea, ayuda a crear un ambiente de lo más acogedor e íntimo. En esto son unos expertos, no en vano se pasan la mitad del año con muy poquita luz y con frío, y de alguna forma tienen que hacer esto un poco más habitable.
En cualquier caso, no voy hoy por estos derroteros. Hoy me he levantado tarde, he hecho el perro, he hecho las reservas de aviones, trenes, albergues, barcos y todo lo referente a Noruega. Luego me he dado un garbeo por un centro comercial que está en la plaza donde empieza Stroget, donde está Nyhavn, etc. No sé cómo se llama. En mi línea (por cierto, alguien sabe cómo se llama la avenida de la catedral de Sevilla…rayos y truenos, se me ha olvidado, y sólo llevo 2 meses y medio fuera, frente a los 18 en Sevilla!!)…ah well, shit happens.
Pues sí, hoy el día me lo he dedicado a mí. Además, lleva un par de días en que el verano ha desaparecido. Estoy segura de que se ha ido para no volver, si acaso como una breve pero intensa tormenta de verano, pero que tras ésta, nada quedará. Esta ciudad debe ser curiosa de ver en invierno. Tan sólo dos días de día nublado, lluvia intermitente y un viento del carajo han bastado para hacer mella en los copenhagueses. De nada han servido estos 2 meses de verano de playa, con barbacoa y sandía en la arena incluida. Los ojos de los daneses estaban hoy un pelín más apagados y como ya leí en otro blog de un español en tierras vikingas, creo que los ojos de estos daneses se van apagando a medida que se apaga la luz del sol. Este español decía algo así que los ojos azules sólo lo son en verano y que en invierno se tornan grises. Me dió cierta lástima cuando alguien me dijo con esa tristeza mezclada con miedo que le pude ver en la mirada, que el otoño ya estaba aquí. Me reí y dije, anda, pero si el verano ni siquiera ha empezado….y él, me dijo, para ti no ha hecho más que empezar, pero aquí es diferente. Buf, sonó todo muy solemne y melodramático. Si a ellos les da miedo su invierno, cómo no lo pasaran los que están acostumbrados a un sol que quema la retina.
Y sí, el clima condiciona MUCHO al carácter de las personas. Y no sólo eso, si no las características físicas. Un rubito de estos con los ojos azules no dura ni tres telediarios en el sur con un sol de justicia. La naturaleza es sabia. Y hablando del carácter de las personas…ya llevo unos días pensando en eso, y ahora he leído un post que resume a la perfección lo que he estado pensando: Da igual que no te gusten los toros, que se te ponga la carne de gallina y tengas que reprimir las ganas de potar cada vez que ves en la tele un alarde de patriotismo salsichero-castizo en plan “como en sevilla en ningún sitio, mi arma” o un “freedom for catalonia” (este pone los pelos como escarpias), aunque te repateen millones de cosas de tu país, que a folklórico no nos gana ni Dios, he de decir que estoy empezando a entender qué es lo que realmente nos une a todos los españoles. O llámalo x, cada loco con su tema y no quiero herir susceptibilidades, pero perdóname lector, si llamo españoles a catalanes, vascos, andaluces y demás, porque a mí me gusta ahorrar lenguaje y eso de ir evitando la palabra España como si con ello te fuera a caer el castigo de la muerte lenta y dolorosa, pues como que paso. Cada uno es libre de poner el palabro que le salga de los cataplines o chochines. Pues eso, a lo que iba. Hay un algo que nos une a todos. Y no sólo es esa mala leche, esas ganas de saltarse todas las normas que tenemos, esa desconfianza natural, esa falta de autoestima nacional (que a ver si nos la quitamos a nivel nacional, porque es muy fácil decir, ah, pero es que en esta zona de españa no ocurre…blah blah)…a pesar de ser el país por excelencia de la picaresca, del tonto el último, del temperamento bien y mal llevado, del cabezonerío, del cutrerio, debo decir que también hay otra cara y esa cara para mí se ha hecho manifiesta en tierras bárbaras del norte.
Y esto es, a ver cómo lo digo para que se pueda entender, somos más cálidos. Y no, no me refiero a ardientes, dicharacheros o cosas así. No, me refiero que somos más cercanos a las gracias y desgracias ajenas. Vamos, más empáticos. Para lo bueno o para lo malo actuamos con el corazón en la mano. Si podemos echar una mano, o dos, a otro se la echamos, aunque no lo conozcamos de nada. Sabemos vivir. Aquí viven de lunes a viernes por y para el trabajo. Yo en parte también. Pero este último año he descubierto lo que muchos hacen…compaginar el buen trabajo con una vida social más que aceptable. Trabajar para vivir, no al revés. Y es que es muy difícil de entender lo que quiero decir, pero me gustaría hacerlo antes de regresar a los infiernos, no sea que ante tanto bocinazo,tanta mala leche descontrolada, tanta testosterona desparramada en el asfalto en forma de coches tuneaos y con música chunda chunda, hagan que diga que no, que somos todos una panda de borregos.
Pero no, hay algo en el español que lo diferencia claramente del italiano, por ejemplo. Así que no es sólo el clima más benévolo. No, el español tiene un orgullo y un código de honor casi imperceptible y con reglas un poco peculiares, pero que están allí. Sí, somos muy bruticos a veces, pero en esa “brutez” también se huele la inocencia, por decirlo de alguna manera. Creo que no estoy llegando a ningún lado. Sí, no seremos tan ordenados, pero reaccionamos a los problemas. Qué no hay un ingeniero para arreglar el tanque? Pues se le pone un latiguillo y andando. El chapuceo no es siempre una chapuza, sino una adaptación a un medio hostil y que permite nuestra supervivencia. Se nota un pasado con muchas penurias, guerras y hambre. Por España han pasado todas las culturas habidas y por haber, y eso se nota.
En definitiva, no mosquees a un español, porque lejos de quedarse parado, se va a levantar y lo que antes era una persona afable, siempre dispuesta a salir de marcha y tomarse otra cervecita, puede tornarse en tu peor pesadilla. Afables sí, gilipollas, pues no.
Gente de mucha resistencia, tranquilos, pacientes y amantes de la buena vida…bueno, no está mal ¿no? No sé si es que me ha dado mucho el sol en las últimas semanas, pero hace poco me fijé en unos españoles y me parecieron hasta guapos, así morenitos ellos…supongo que en todos ellos pude ver, en el fondo, todo de bueno y que nos une a todos y que estos vikingos no tienen (otras cosas sí, pero esto no…también por analizar próximamente)…
El Post.